En repetidas ocasiones he puesto en relación a la neoderecha hispánica con los neocon norteamericanos. Es un análisis que me parece evidente. Copian métodos, copian estrategias, copian campañas y, parcialmente, copian contenidos, además de fumar puros habanos con el ex-emperador y hablar tejano en la intimida
d.
También es cierto que nuestra derecha vive, a su pesar, en Europa, y hay valores que aún no se han atrevido a cuestionar, hay políticas que parecen irrenunciables incluso a sus votantes, especialmente en el ámbito de las coberturas sociales. Pero al entrar a valorar el debate político norteamericano, se quitan caretas, se les ve su alma. Como cuando Aguirre dejó ver que se inclinaba por McCain frente a Obama, y ello aunque González Pons y otros de las nuevas camadas se mostraran obamistas convencidos por si la marea les llevaba hasta Moncloa.
Libertad Digital es uno de los panfletos referencia de la caverna mediática hispana, más neocon que el Papa, y bien poblada en los últimos años por distintas adiciones más o menos desdichadas al panorama ¿periodístico? de la vieja piel de toro. En este ¿medio? podemos saborear un poco el alpiste que alimenta hoy a muchos papagayos de otras tribunas, no sólo mediáticas. Así podemos leer ahora cómo uno de sus incontables ‘expertos’ trata los intentos del presidente Obama de extender el acceso a una sanidad pública al 90% de la población americana (el 100 % es aún utópico), esfuerzos que se encuentran incontables resistencias en el sector conservador, y que sólo cuentan con el apoyo del 44% de la población: el presidente, sostiene, está “empeñado en apresurar la aprobación de su ignominioso proyecto de nacionalización de la salud. Teme que se lea con calma lo que contiene esa “reforma”, teme que sus índices de popularidad sigan cayendo en estas semanas estivales, con peores datos de desempleo y teme, en fin, que se le vaya la joya de la corona que es esta gigantesca socialización de la salud pública. Obama está cometiendo otra vez el mismo error que Bill Clinton cuando Hillary lo convenció para intentar nacionalizar la salud a inicios de los noventa. En el caso de Obama, el momento es todavía peor porque su programa costará más de un trillón norteamericano de dólares y elevará los gastos a pequeñas empresas acabando con cientos de miles de puestos de trabajo“. Muy caro, sí, muy caro el “ignominioso” proyecto de Obama. No como la guerra de Irak, que sin duda fue muy barata…
Muy caro, sí, muy caro. Pero muchos ciudadanos de la primera potencia económica del mundo están sobre el alambre. Hay muchos sin seguro médico. Hay otros con seguros que no incluyen según qué enfermedades o según qué tratamientos hospitalarios. Hay muchos que ante un diagnóstico de, por ejemplo, cáncer, además del palo emocional tienen que empezar a hacer cuentas, a vender el coche o la casa, a pedir dinero prestado a familiares y amigos… Muy caro el plan de Obama, sí. Como el resto de las coberturas sociales. Muy caro y muy jodido para el que tiene dinero eso tan enojoso de tener que pagar impuestos.




Ya sé que soy repetitivo, sí, pero hay cosas que se me atragantan. Según entiendo yo las leyes del mercado interpretadas por el PP, lo mejor del mundo es el liberalismo. Es decir, que el estado, lo público, no entren para nada a estropear la economía. Eso sí, si la economía se acatarra, la culpa es del sector público, del gobierno, especialmente si el gobierno no lo controlan ellos mismos. Cuando ellos están en el poder, la economía es global si tiene problemas y si funciona bien es gracias a ellos.
Uno puede recibir regalos, claro. Si te los hacen, ¿qué vas a decir? Eso sí, si a un profesor le regala un jamón de Jabugo el padre de un alumno la víspera del examen no es lo mismo que si el vecino le pasa una lata de cerveza al acabar de jugar al tenis.
No sé si te pasará a ti, pero a mí, de vez en cuando, no con demasiada frecuencia, hay imágenes o situaciones que se me graban en la mente y no se olvidan ni en el más mínimo detalle. Tiene que ser algo muy especial, que te llega mucho y te hace volver a verlo continuamente durante días, para luego quedarse grabado a fuego en la retina.


